Cómo Realizar Ejercicios de Relajación

La relajación produce múltiples beneficios de salud: nos permite rebajar la tensión muscular, alcanzamos un estado de serenidad, un bien básico para prevenir el estrés, prevenir el cansancio… Algunas personas inspiran paz y serenidad de un modo natural, sin embargo, es conveniente recordar que la relajación se aprende como cualquier otro aspecto práctico de la vida.

Cómo realizar técnicas de relajación

Consejos para relajarte

Elige un lugar cómodo, silencioso y tranquilo en el que puedas concentrarte en ti mismo, sin tener ningún tipo de interrupción externa. Lo ideal es bajar un poco la persiana para generar un entorno con una luz tenue. Un espacio que tenga una zona de descanso acogedora, por ejemplo, un sillón, la cama o una alfombra en la que tumbarte.

Generalmente, queremos relajarnos justo en el momento en el que empezamos a ponernos nerviosos ante un estímulo externo, por ejemplo, ante un examen. Sin embargo, debemos realizar estos ejercicios de relajación día a día, en momentos en los que tengamos tiempo por delante para relajarnos y desconectar. Realiza ejercicios de relajación durante un tiempo aproximado de 15 o 20 minutos. Lo ideal es empezar de menos a más para ir incrementando el hábito.

Qué hacer para relajarte

Imagina paisajes naturales, lugares paradisíacos definidos por zonas verdes y un río. También puedes recrearte en situaciones de la rutina cotidiana que consideras muy tranquilas, por ejemplo, el momento en el que llegas a casa después del trabajo y te pones las zapatillas.

Concéntrate en la respiración abdominal. Toma aire por la nariz, mantenlo durante 1 segundo. Y suéltalo lentamente por la boca. Para desarrollar más tu técnica te recomiendo el libro “Saber Relajarse”, escrito por Simon Monneret.

Intenta tomar conciencia de todo tu cuerpo. Tensa distintas partes de tu cuerpo para luego liberar esta tensión de los músculos. Por ejemplo, apretar los puños durante 5 segundos, y después, liberar este gesto.

Encuentra tiempo para lo importante. Existen muchos momentos en los que es especialmente propicio realizar algún ejercicio de este tipo. Por ejemplo, un rato antes de acostarte, después de un buen baño de relax o también, tras haber saboreado una agradable infusión.


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