Traumatismos en la Infancia

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En los paí­ses industrializados, los traumatismos son la causa de muerte más frecuente en los niños, es decir, provocan más muertes que el cáncer, los defectos congénitos, la neumoní­a, la meningitis y las enfermedades cardí­acas juntas. Incluso entre los bebés menores de un año de edad, cada año se producen casi 1 000 muertes debido a caí­das, quemaduras, ahogos y sofocación. Las lesiones también pueden causar invalidez; de hecho, por cada niño que fallece a causa de alguna lesión, 1 000 sobreviven, pero quedan discapacitados.

Las lesiones son frecuentemente producidas por la curiosidad de los niños y en general se pueden evitar. Son más frecuentes cuando un pequeño tiene hambre o está cansado (antes de las comidas o de la siesta), si es muy activo, está bajo el cuidado de otra persona o vive en un nuevo entorno, como una casa nueva o una residencia de verano. Es más probable que se produzca un accidente cuando los padres se encuentran ocupados o no son conscientes de los nuevos riesgos que el niño va adquiriendo a medida que crece.

Accidentes de tráfico

La lesión por los accidentes de tráfico constituye la causa principal de muerte en todas las edades: a consecuencia de ellos fallecen 4 de cada 100 000 niños menores de un año de edad, 7 de cada 100 000 de 1 a 14 años, y 40 de cada 100 000 personas de entre 15 y 24 años. Un niño que no lleva cinturón de seguridad o no está protegido correctamente en el asiento de seguridad puede ser la única ví­ctima a consecuencia de un frenazo súbito que no llega a provocar lesiones a los demás pasajeros del automóvil.

Para reducir la posibilidad y la gravedad de lesiones en caso de choque, todos los ocupantes de un vehí­culo deberí­an usar cinturón de seguridad o, en el caso de los niños pequeños (que pesen menos de 18 kg), el automóvil deberí­a disponer de asientos de seguridad especiales, instalados adecuadamente. Los niños deberí­an sentarse sólo en el asiento de atrás para evitar una lesión provocada por los colchones de aire (airbag). Estas precauciones reducen las muertes por accidente entre un 40 y un 50 por ciento y las lesiones graves entre un 45 y un 55 por ciento. Muchos paí­ses cuentan con leyes que obligan al cumplimiento de dichas medidas de seguridad. Un niño sentado sobre un adulto, aun cuando éste tenga el cinturón de seguridad abrochado, es sumamente vulnerable. En caso de choque, el adulto no podrá sujetar al niño, que saldrá despedido con gran fuerza hacia adelante, incluso a baja velocidad. Por ejemplo, para sostener a un niño de 4,5 kilogramos durante un frenazo repentino en un automóvil que vaya a 48 kilómetros por hora se requerirí­a la fuerza necesaria para levantar 136 kilogramos a 30 centí­metros del suelo. Si el adulto no lleva puesto el cinturón de seguridad, puede ser impulsado hacia adelante, pudiendo aplastar al niño contra el interior del automóvil con una fuerza superior a su peso.

El niño debe ser sujetado con correas en una silla apropiada para su edad y peso. El asiento de seguridad infantil debe colocarse en la parte trasera del automóvil y puede utilizarse para niños de hasta 7 kilogramos de peso. Esta ubicación es particularmente importante cuando el automóvil tiene colchones de aire. Los asientos de seguridad para los niños que pesan entre 7,5 y 18 kilogramos deben mirar hacia adelante, estar equipados con refuerzos para los hombros y el regazo, y proporcionar estabilidad a la cabeza. Los asientos de seguridad deben ajustarse al automóvil de acuerdo con las instrucciones del fabricante, puesto que, en caso contrario, el riesgo de lesión del niño puede incrementarse. Un niño mayor debe ser protegido con un cinturón de seguridad.

Existen varios modelos de asientos infantiles de seguridad que han sido aprobados por las administraciones de tráfico correspondientes.

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