Las hernias lumbares o de disco son una dolencia muy frecuente entre la población. Se trata de malformación, rotura o desgaste del
disco que se encuentra entre las vértebras que forman la columna vertebral y dan soporte a la espalda. Estos discos son los encargados de transmitir movilidad y flexibilidad a la columna y amortiguar la transmisión de fuerzas entre las vertebras.
Lo más habitual en pacientes que sufren hernias lumbares o de disco es un tratamiento simple de reposo con analgésicos. Las estadísticas dicen que entre el 80% y 90% de los pacientes no requerirá más que dos o tres días iniciales de reposo y unas semanas de terapia farmacológica. Lo más habitual es que en ese plazo el dolor remita espontáneamente. Sin embargo determinados pacientes tienen que recurrir a la cirugía lumbar, debido a sus características personales o a que el dolor e inflamación no remite.
En concreto, la cirugía tiene como objetivo la liberación de la raíz nerviosa comprimida, responsable de la sintomatología. Existen multitud de técnicas quirúrgicas para solventar esta molestia, desde la microcirugía o el láser hasta la cirugía más tradicional. Las cirugías para hernias lumbares más habituales son: la laminotomía, discectomía, microdiscectomía, laminectomía y la artrodesis.
Aunque existen grandes polémicas en torno a este tema, las cifras confirman que el tratamiento ofrece grandes resultados. Si se practican ejercicios de rehabilitación para conseguir una buena recuperación y la técnica de la cirugía discal se realiza cuidadosamente, las tasas de éxito son superiores 85% de casos en los 2 ó 3 primeros meses. Aunque es cierto que, con los años pueden aparecer recaídas, con lo cual los resultados a largo plazo son algo menos favorables.










