Entre la población diabética a nivel mundial se ha encontrado que una de cada cuatro personas que permanece inactiva, tiende a desarrollar insuficiencia renal (IRA), cuyos síntomas son inadvertidos hasta que los daños de la enfermedad son irreversibles.
En los ancianos la enfermedad renal derivada de la diabetes, se le denomina nefropatía diabética tiene una frecuencia entre el 35 y el 40 por ciento de la población geriátrica diabética, sin embargo, tiende a superar el 50 por ciento de los pacientes, que superan los veinte años desde el inicio de la enfermedad.
La nefropatía diabética cursa totalmente asintomática en los diabéticos, hasta que los riñones están dañados en forma irreversible. La detección oportuna de la enfermedad se realiza a través de análisis de sangre y orina en forma periódica, para detectar la presencia inadecuada de proteínas en orina y otras alteraciones de la función renal.
Señales de nefropatía
La concentración elevada de azúcar en la sangre además de causar daño al organismo en general, causa alteraciones a los vasos sanguíneos y en forma particular a los que irrigan los riñones, sobretodo a los glomérulos en donde se lleva a cabo el filtrado de las sustancias de todo el organismo, antes de ser excretados a través de la orina.
Cuando se inicia el daño a los riñones es a través de la membrana, en donde se eliminan pequeñas cantidades de proteínas que aparecen en la orina, la prevalencia de la diabetes y pérdida de proteína constante favorecen el daño progresivo de los riñones, por lo tanto la nefropatía diabética es más grave.
Es importante considerar que la diabetes y la insuficiencia renal van de la mano, por ello es necesario ser responsable de la enfermedad, disciplinado con los medicamentos, hacer ejercicio, someterse a un régimen alimenticio saludable establecido con el número de calorías en función del peso y talla, sin olvidar que son reglas de existencia para tener una excelente calidad de vida.










