Se puede decir que durante los primeros tres meses de embarazo el bebé representa solo una esperanza, pues los primeros días de embarazo se caracterizan por la incertidumbre de ¿estaré o no embarazada?, sí, lo estoy, la otra pregunta es ¿como será mi bebé?, y pareciera como si todavía no constituye una realidad en nuestras vidas. Sin embargo, para la segunda etapa del proceso de embarazo, las cosas cambian, debido a que ya se perciben de manera clara los movimientos que realiza el bebé dentro del vientre de la madre, la presencia del hijo se hace evidente y realista. Luego en la ultima etapa del embarazo, cuando se está en la recta final, el embarazo se convierte en el centro de atención, y se hace el centro exclusivo de los pensamientos y preocupaciones de la futura madre.
Es en esta última etapa del embarazo cuando la mujer está más enfocada en el crecimiento y desarrollo de su hijo, más atenta a sus movimientos, a la posición que tiene el bebé dentro de su vientre, está más pendiente de la frecuencia de sus movimientos, al peso y tamaña que va adquiriendo, es cuando ya la mujer habla del bebé como si ya hubiese nacido, e incluso le atribuye cualidades. Sin embargo no está demás decir que es la etapa donde comienzan a fluir más preocupaciones, bien sea por miedos a defectos físicos de su bebé, o por miedo a morir en el parto, todas estas preocupaciones provocan en la mujer un estado de ansiedad, y debido a esto la mujer siente el deseo de aislarse en los últimos días de su embarazo, puede incluso perder el apetito, en fin, diversas conductas inapropiadas que afectarán su estado de animo. Por lo tanto en las últimas semanas cuando la mujer se siente menos tranquila y deseosa de que el tiempo pase rápido, habrá una ventaja en todo ese estado psicológico y es que debido a esos pensamientos se disipa la aprehensión que pudiera haber provocado la idea del parto.










