A la empresa fabricante de Power Balance, la pulsera que prometía milagros, le salió cara la difusión mundial de un producto que ha demostrado no funcionar. La quiebra llama a sus puertas después de haber facturado enormes cifras en todo el mundo. Ya en el 2010, los fabricantes de Power Balance admitieron, obligados por las autoridades australianas, que su producto no servía para mejorar ni resolver ningún aspecto de la salud. También ese año, FACUA-Consumidores en Acción denunció lo que consideraba un claro fraude.
Aún así, la quiebra de la empresa estaba todavía lejos. Siguieron vendiendo ejemplares por millones en todo el mundo. Ceñirse una Power Balance a la muñeca no suponía demasiado gasto económico y los usuarios, frecuentemente condicionados por el ‘yo lo probé y me funcionó’ que oían de familiares, amigos o vecinos (o en la publicidad que contrataba sin descanso la empresa promotora), fueron incrementando la fortuna de Power Balance hasta que en 2011, la empresa se declaró en quiebra tras no poder hacerse cargo de las millonarias indemnizaciones que clientes estafados habían reclamado a las autoridades. Como en otros casos, la iniciativa de particulares o instituciones en EEUU provocó que una empresa ‘no amable con la salud del ciudadano’, pagase con la quiebra la mentira que le hizo lucrarse.
Celebridades del deporte, como Cristiano Ronaldo, o de la política, como Leire Pajín, ayudaron con su uso a convencer de las bondades de una pulsera que no tenía ningún componente especial, más allá de una banda de plástico y un holograma. Los defensores de Power Balance aseguraban que servía para prevenir dolores lumbares, para mejorar el tono muscular y la resistencia, y para otras muchas cosas.
La quiebra de Power Balance nos recuerda que antes de gastar dinero en un ‘producto milagro’, debemos informarnos muy bien sobre las cualidades que promete. En este caso Power Balance sólo perjudicó el bolsillo y pagó con la quiebra, pero en algunos otros, las consecuencias de los productos milagro y las derivadas de las actuaciones de los charlatanes pueden ser mucho más graves.










