Las isoflavonas son sustancias producidas por el fríjol de soya y el trébol rojo, no obstante la principal fuente de estos compuestos es la soya y sus derivados. Estas sustancias al producirse de forma natural en la soya, son estables en las condiciones de procesamiento para generar diversos productos y comercializar la sustancia.
Aunque las isoflavonas tienen múltiples beneficios, estos dependen de su composición química, del metabolismo de las personas y del estilo de vida que desarrollen. Desde el punto de vista bioquímico las isoflavonas están presentes en los alimentos en forma conjugada con una molécula de azúcar, está estructura debe de romperse (hidrolizarse), a través de las enzimas intestinales para que puede utilizarse biológicamente, en forma de daidzeína y genosteína sus principales aglycones sustancias biológicas activas.
Los isoflavonas poseen propiedades antioxidantes que a largo plazo protegen contra el riesgo de contraer cáncer y pueden prevenir el daño ocasionado por los radicales libres en el ácido desoxirribonucléico (ADN). Además, tienen actividad estrogénica de tal forma que su consumo ayuda a regular el equilibrio hormonal durante la menopausia.
Consumo de soya
Diversas investigaciones, señalan que la aplicación primordial de las isoflavonas está referida a la disminución de los síntomas del climaterio que incluyen los bochornos, sudores nocturnos, presencia de fatigas crónicas, cambios en el estado de ánimo y depresiones, un valor adicional en su consumo, es el incremento de la densidad ósea en las mujeres previniendo la aparición de la osteoporosis.
Por otra parte, se ha encontrado que las isoflavonas de la soya pueden reducir el riesgo de las enfermedades cardiovasculares a través de diversos mecanismos, tales como, la inhibición del crecimiento celular en placas que obstruyan la circulación a través de las arterias y el consumo de la soya es eficaz para mejorar la calidad del colesterol que circula en la sangre.
En el sexo masculino el consumo de soya en diferentes formas, protege contra los problemas de la próstata, el crecimiento glandular, reducen la aparición del cáncer eliminando las células malignas. El consumo de soya favorece la formación de hueso cuando este ha tenido algún percance y se ha dañado, estimulando indirectamente el proceso de la osteogénesis.










